La lucha de las ideas

Dos años hubimos de esperar los españoles para poder ver en nuestras pantallas Lutero (2003), de Eric Till -mucho más conocido por su dirección en la televisión, siempre en la BBC-, que nos adentra en una época de transición: el paso del mundo medieval al moderno, el Cisma. Al fin y al cabo una revolución, aunque sea religiosa.

Corre el siglo XVI, Lutero (Joseph Finnes) ingresa en los agustinos y ya, desde este punto, el misticismo inunda la cinta; después acudirá a Wittemberg donde se doctorará en Teología y se convertirá en uno de los profesores más queridos de su protector, el príncipe Federico (Peter Ustinov). A partir de aquí se nos presenta a Martín como un luchador, un reformador y sobre todo un hombre de ideas que rechaza por encima de todo la violencia; lo que derivará en una continua pelea interna del protagonista entre la razón y la práctica.

Lutero no es una película histórica más que narra la biografía de un importante personaje, sino que aporta reflexión al espectador; vuelve a sacar a la luz el materialismo monetario que invade a la Iglesia Católica, cuestiona la verosimilitud de las reliquias (lo dice el propio Martín Lutero: “Cómo es posible que en España se encuentren las dieciocho tumbas de los doce apóstoles”) y sobre todo supone una crítica para Roma, “convertida en una cloaca”.

La calidad narrativa viene respaldada por una técnica y montaje correctos, adquiriendo, a medida que transcurren los minutos, mucho mayor protagonismo la esencia y el sentido que el propio Martín.

Se nos presentan los personajes como una historia de buenos y malos, pecando en exceso de esa división continua que enfrenta al Papa (Uwe Ochsenknecht), -quiene se parece mucho a un mafioso de la Sicilia italiana- y al reformador. En algunos casos los tintes ideológicos traspasan la época y, así, el colega de universidad de Lutero, Profesor Karlstadt, parece realizar un mitin comunista en vez de liderar una revuelta religiosa. Además ,al igual que en otras películas como Shakespeare in love (1998) o Belleza Prohibida (2004), el pueblo se presenta con unos tonos ocres con los que el Hollywood más comercial identifica a la decadente y cansada Edad Media.

A pesar de esto, las actuaciones de Finnes, Ustinov y Ochsenknecht son realmente perfectas, aportando a la cinta un ritmo mucho mayor de lo que el guión consigue, siendo ellos los verdaderos triunfadores de esta película.

Al fin y al cabo, Lutero es una crítica a la Iglesia, lo que demuestra que sí que capta la verdadera esencia de su protagonista; un tiempo convulso que lo presenta como hereje o profeta depende de quién y cómo lo mire. Una cinta de ideas para los que quieran escucharlas y entenderlas. Ante todo, una busqueda de la verdad y del porqué.



1 comentario:

Marcos Ortega dijo...

No he visto la pelicula, pero el actor protagonist me gusta así que me la apunto.