Grite al acomodador: ¡Qué paren esto!

El cine de terror es uno de los géneros más utilizados por Hollywood a la hora de intentar generar beneficios. Ideas propias y remakes de filmes extranjeros se explotan a partes iguales -The Ring (2002) o la aún por estrenar Quarantine, basada en la española REC (2007), son algunos ejemplos-. Pero el excesivo uso de las mismas fórmulas desgasta a cualquiera y ese es el caso de Reflejos (2008), remake de la película coreana Into the Mirror.

Aunque es falso que el cine estadounidense se esté quedando sin ideas -por mucho que les duela a muchos, el mejor séptimo arte se ha hecho en los Unites States of America-, los productores empiezan a pasarse de la raya con este tipo de cintas, que no aportan nada nuevo.

El protagonista, Kiefer Sutherland -más conocido por su papel de Jack Bauer en la serie 24- se tira hora y media aburriendo al público. Desde la primera escena, el metraje flaquea y a lo único que puede recurrir el guionista es al recurso facilón de la sangre como medio de atracción.

Las secuencias de terror son irritables para el espectador, que termina riéndose y resignándose por los seis euros que le acaban de robar en la taquilla de la entrada. Si hubiera que salvar algo, tan sólo un par de planos donde el director, Alexander Aja, acierta -hombre, algo tenía que hacer bien- y juega con la cámara y los espejos.

Pero es que el film no tiene nada mas. Es horrible hasta decir basta: infumable y, por supuesto, nada recomendable. ¡Ni se les ocurra!