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Con tan sólo 29 años, Paul Thomas Anderson estrenó Magnolia (1999), su tercera película -tras el abrumador éxito que obtuvo con Boogie Nights (1997)-. Este film no desmerece ninguno de los reconocimientos que se le otorgaron: nominada a tres Oscars (entre ellos, el de mejor guión original) y ganadora del Oso de Oro de Berlín y de un Globo de Oro (a Tom Cruise por mejor actor secundario).

El primer problema al que se enfrenta la película es el de su metraje, más de tres horas de duración, que hace muy difícil mantener la atención del espectador. La solución del director consistió en entrelazar una serie de historias de alto contenido dramático (interralacionadas unas con otras) y que mantienen una tensión continúa. De esta manera, cada minuto de la cinta es tan importante que puede reconducir el argumento del film.

Realmente, la película no cuenta más que la vida cotidiana de varios personajes del Valle de San Fernando (California). Historias, en general, bastante sencillas, sin giros espontáneos del guión. El auditorio espera, en muchas ocasiones, los acontecimientos que se van sucediendo -puede deducirlos incluso-, pero no quiere despegarse de la pantalla porque espera el alegato final: la conclusión.

Además, el director supo hace un uso perfecto de la voz en off. Tan sólo adquiere protagonismo en la introducción para plantearle al espectador la falta de consistencia de las coincidencias. De esta manera, la audiencia espera que el film verse sobre una serie de cuestiones 'aleatorias' -realmente lo hace, durante los primeros minutos-, pero poco a poco se centra en la materia principal: el perdón.

Con un elenco espléndido de actores y con un final realmente bello -y alguna escena 'coral' inesperada en un drama de este tipo- consigue una reflexión sobre la existencia humana; un alegato a la vida que podría esconder otro tipo de cuestiones moralistas más alla de la visión simplista de un cualquiera.


Escena introductoria:




Trailer (en inglés):