Sólo el vacío, 'Revolutionary Road'

Tres nombres avalan Revolutionary Road (2008): Leonardo, Kate y Sam. O lo que es lo mismo: DiCaprio, Winslet y Mendes. Los primeros, los dos actores, no habían coincidido en pantalla desde la taquillera Titanic (1997) y ambos han ido, en este tiempo, creciendo en ese mundillo de la interpretación llamado Hollywood. Eso sí, cada uno a su manera. El que fuera el niño guapo de L.A. eligió el 2006 para dar un puñetazo sobre la mesa: Diamantes de Sangre (2006) e Infiltrados (2006) le avalan con creces. De Winslet bastaría decir que cuenta ya con seis nominaciones a los Oscar y siete a los Globos de Oro -además de películas reconocidas internacionalmente como Sentido y sensibilidad (1995), Descubriendo Nunca Jamás (2004) o The Reader (2008)-.

Tan sólo tenía que llegar San Mendes para animarles y darles el último empujón -con el correspondiente efecto marketing de la pareja-. Así, el afamado director británico recupera la filosofía de American Beauty (1999) para enfrentarse a un drama sobre la desesperación y la frustración.

Todo empieza en una fiesta, donde dos jóvenes soñadores y apasionados se enamoran. Pero el paso del tiempo no les hace bien. Casados y con hijos, los protagonistas se han aburguesado y adentrado en la rutina de la clase media americana. Un coche y una casa a las afueras, como fieles representantes del sesudo sueño americano de los años cincuenta; que, para la pareja, no son más que los grilletes de una pesadilla. Entonces deciden reclamar su identidad, dejar de ver pasar la vida y aferrarse a ella -"Quiero sentir cosas", dice un personaje-.

Enérgica, la cinta va desgranando los entresijos de la que, a ojos de todos, es la familia perfecta. Detrás de la fachada se esconde mucho más; pero todo queda dentro de los muros de esa casa sobre la colina, a final de la calle de Revolutionary Road. Así, con la crítica social como sustento, el cineasta se puede enfundar los guantes de artista y dotar a los planos de un clasicismo inspirador.

Además, la película cuenta con otro personaje fantástico. Michael Shannon interpreta al único que sabe ver más allá de lo aparente, al loco que se atreve a decirle las verdades a los cuerdos. Los únicos instante donde podemos respirar ironía y coger fuerzas para afrontar lo que resta. Porque al final tan sólo espera la derrota, la sensación de haber malgastado las oportunidades y desaprovechado el destino. La felicidad no existe en el mundo creado por Mendes, sólo el vacío.