
El actor estadounidense interpreta a Chris Gardner, un inteligentísimo soñador que tiene que combinar el criar a su hijo -el propio infante de Smith- con su periodo de prácticas en una compañía de bolsa. Lo que comienza como una fábula sobre la inestabilidad económica de la baja clase media americana; se pierde en el intento de entremezclar la mirada ingenua del niño con el amor incondicional de un padre que arrastra la sensación de poder fracasar.
El inconsistente guión se sobrepone a la personalidad de Smith, que asume la responsabilidad de la película y se echa a la espalda 90 minutos de desgracias y sensiblería. Hay tiempo para pañuelos y mocos, para risas y cubos de rubik. Incluso el vestuario de los 80 es objeto de oportunas bromas sobre pantalones y camisas.
Al final, lo que se quiere demostrar no es ni mas ni menos que la suprema existencia del sueño americano, auténtico protagonista de la cinta. Ese ente superfluo e intangible, que sobrevuela la mente de una población que decidió en su día aferrarse a lo posible y renunciar a la realidad.
3 comentarios:
lo raro es que este hombre no se haya encasillado con el paso de los años...
Cuando fui a verla al cine no sabía ni de que iba, fui a ciegas. Me pareció una película sobria, sobre todo por el papelón de Smith en un registro muy diferente al que nos tiene acostumbrados. A pesar del sueño americano y de las lágrimas de cocodrilo, peliculón.
Una historia para mi agradable, aunque quizá demasiado trascendente. Pero muy bien dotada de un toque de sesibilidad, recordando a aquel Capra, y su siempre sueño americano.
Excelente reseña amigo mio. Saludos!!!
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