
La cinta decepciona de la misma forma que lo hiciera en su día La mala educación (2004). Almodóvar se repite y muestra en la pantalla algo que el espectador ya conoce, que ha visto y saboreado con anterioridad. Así, el metraje se prolonga con el regustillo amargo de lo vivido, aunque en el público sobrevive la pequeña esperanza de que llegue a visualizarse la maestría del cineasta. El problema se encuentra en un formalismo exacerbado y en el conformismo de un metraje con aristas, con personajes poco trabajados a los que nunca llegamos a conocer en profundidad.
Además -dejando de lado a la excepcional Blanca Portillo y a unas aceptables Penélope Cruz y Carmen Machi-, las interpretaciones del elenco de actores son falsas e inestables. Lluís Homar, no sabe sacarle jugo a su personaje, un cineasta ciego reconvertido a guionista. Y el resto del reparto, sobretodo Tamar Novas, sobreactúa en la mayoría de escenas; motivados en gran parte por un guión que abusa en demasía de la trascendencia de cada palabra y frase.
Por si fuera poco, lo que comienza como un homenaje al séptimo arte -con referencias a Jules Dassin o Roberto Rosellini-, termina como una auto-oda de Almodóvar. Así, el filme Chicas y maletas que están realizando los protagonistas de la cinta, es una clara repetición de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Además, echo en falta la audacia e inteligencia de Todo sobre mi madre (1999) o la mordacidad de ¡Átame! (1989). Porque esta vez todo tiende al enrevesamiento, a maltratos y cuernos, a tetas y sexo, a venganza y frustración. Es como un viaje donde no satisface ni el destino ni el camino recorrido. Básicamente, porque ignoramos el sentido de todo ello.
1 comentario:
tampoco me gustó mucho, pero me emocioné y alegré de los segundos que sale ángela molina. su caracterización y su actuación es 'la reaparición del año'. tanto que estoy por tirar de windows movie maker y como con jar jar binks quitar... todo el resto de la peli y dejarla solo sus escenas.
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