El New York de los 90, 'Friends'

Unos veinte minutos por capítulo. Unos veinte capítulos por temporada. Diez temporadas. No hay forma más fácil de resumir la sitcom más famosa de la historia: Friends (1994-2004). Pero dejarlo así sería superficial e injusto para Chandler, Monica, Ross, Joey, Rachel y Feeby -Matthew Perry, Courteney Cox, David Schwimmer, Matt Le Blanc, Jennifer Aniston y Lisa Kudrow respectivamente-. Seis amigos a punto de pasar el umbral de los treinta que se enfrentan en el Nueva York de los 90 a la cotidianeidad. Eso sí, desde la locura y la rareza de unos personajes fuera de todo arquetipo prefundado.

La serie funcionó entonces -y sigue haciéndolo ahora- porque las historias que narra son del día a día, las que les ocurren a todo el mundo. Allí es donde el espectador se encuentra reflejado e identificado; empezando a integrar a cada personaje en su propia existencia. Es una complementariedad de elementos, que mitigan la inverosimilitud de la extravagancia suprema mediante la cercanía. Así, sin esta serie sería imposible entender el éxito de How I Met Your Mother (2005-actualidad) o The Big Bang Theory (2007-actualidad); que no han hecho más que actualizar los ingredientes de su precedente.

Pero si existe un factor que ha determinado y potenciado las cualidades de esta sitcom; a éste lo hallamos en las histriónicas personalidades de los protagonistas. Así, los seis amigos están repletos de vitales contradicciones. Todos participan de una entrañable ingenuidad que tiende, en muchas ocasiones, a la idiotez. No hay nadie más tonto que Joey, más pesado que Ross, más paranoica que Monica, más inseguro que Chandler, más loca que Feeby o más pija que Rachel. Pero nada de esto importa, porque también son perspicaces y trascendentales cuando el momento lo requiere.

De esta forma, a lo largo de diez años, se fueron adentrando en los hogares de medio mundo -aunque no me encuentro entre ellos, pues no vi la serie completa hasta hace unos meses-. Y más allá de una pésima fotografía; me reconoció un amigo que el día que emitieron el último capítulo estuvo a punto de llorar, por lo que significaban tantas horas pegado al televisor delante de unos jóvenes y situaciones con las que se identificaba. Ese es el gran éxito de Friends: lograr que una generación creciera con ellos y quisiera ser como ellos.