El más humano: 'El hombre elefante'

Es imposible que cuando David Lynch decidió finalmente dirigir la magistral El hombre elefante (1980) -con el guión de Eric Bergren y Christopher De Vore- no viera en el texto más allá de la temática superflua del metraje: la belleza interior contra la exterior. La cinta es mucho más que esa simple contraposición. Esta obra excepcional muestra sobre la pantalla al género humano más real: el gusto por el morbo, la degradación de los semejantes, la compasión, etc.

A todo esto se le suma la certeza de que lo que se cuenta es tan inverosímil que la realidad volvió a dejar en mal lugar a la ficción. John Merrick existió -aunque como Joseph Merrick- en el siglo XIX. Su historia es verídica y Lynch sabe contarla con la crueldad necesaria para exaltar la sinrazón de cualquier alma.

La narración es agobiante por la intensidad dramática. Además, el director sabe jugar con el suspense y el propio morbo del espectador. El público es el último en conocer el aspecto del hombre elefante: casi media hora tardamos en descubrirlo. Antes ya ha sido prejuzgado por los personajes de la película. Para la clase baja es un ser repulsivo y alejado de toda raza; para los ilustrados burgueses, un mero espectáculo circense.

Aún hay más. La ambientación es tan perfecta que parece ser un film de los años 40. Entre fotogramas, nos adentramos en la visión del amable doctor Frederick Treves, interpretado de forma sensacional por Anthony Hopkins. En las dos horas de duración, no hay tiempo para el descanso. El espectador sufre tanto como la criatura que se muestra. No hay ojos humanos en los personajes, sólo en el protagonista.

Al final, sólo queda recordar una de las frases más significativas de la historia del cine. Algo que restara para eras posteriores. Un símbolo: "Yo no soy un monstruo... Soy un ser humano... Un hombre". El hombre elefante fue nominada a ocho Oscars, pero desgraciadamente no se llevó ninguna estatuilla y fue Gente Corriente (1980), en su lugar, la triunfadora de la noche. Mel Brooks no pudo ser más claro: "Dentro de diez años Gente Corriente sólo será una pregunta más en el juego del Trivial Pursuit, mientras que El hombre elefante será un film que la gente seguirá viendo con interés".


2 comentarios:

Marcos Ortega dijo...

Y eso suele pasar constantemente, pues muchas películas de las más triunfadoras en los Oscar ni son recordadas y algunos clásicos ni siquiera fueron nominados...
Es sobrecogedora la manera que tiene la realidad de desbaratarnos la ficción constantemente..

leolo dijo...

Grandisima, Lymch es de mis favoritos.
Ya he descubierto un gran blo, gracias.