
Con esta anecdota como entrada, la cinta protagonizada por el actor estadounidense es un thriller político complejo. Entre las bambalinas del poder nortemaricano, el director Stephen Gaghan -autor del guión de la aclamada Traffic (2000)- intenta entrever las complicadas relaciones que tejen la actualidad internacional, con Oriente Medio como eje. El petroleo, el espionaje o el terrorismo son meros instrumentos narrativos para acomplejar al espectador: quien lo sabe y desconoce todo, ensimismado en los islotes aburguesados del mundo occidental.
La historia se enrevesa en torno a las ambiciones y a las vidas de los personajes, quienes evolucionan según los factores económicos y políticos del poder. A pesar de ello, emocionalmente el metraje está cojo, pues las dificultades derivadas de la difícil trama, impiden que se transmitan sentimientos más allá del odio, venganza o resignación.
En ocasiones, la razón se instrumentaliza en el séptimo arte. Se hace necesario un discurso político que argumente y explique un posicionamiento social. Syriana es una clara demostración de las retorcidas y consfusas ideologías. La realidad es muy difícil de entender: un sólo árbol para demasiadas raíces.
1 comentario:
Esta claro que los Oscar son fundamentalmente injustos y muchas veces sin sentido, pero yo hace tiempo que dejé de fiarme de ellos...
Publicar un comentario