Sin futuro en 'Hijos de los hombres'

Alfonso Cuarón adaptó al cine la novela de P. D. James que peor aceptación de crítica y público recibió cuando fue publicada, allá por 1992. Hijos de los hombres (2006) se ambienta en un futurista y apocalíptico Londres, encuadrado en un mundo donde ya no nacen niños. La cinta arranca con la muerte del ciudadano más joven de la Tierra y nos adentra en un universo de guerrillas motorizadas al más puro estilo Mad Max (1979).

El cineasta mejicano retrata una sociedad opresiva y totalitaria, con claras referencias a 1984 de George Orwell. Asi, a medida que los fotogramas van corriendo, el espectador tiene la sensación de que ya conoce la historia. La cinta peca de aires de grandeza y rechina ese intelectualismo suburbano que sobrevuela la verdad del metraje.

El drama está servido desde el momento en que se nos presenta al protagonista -Clive Owen-: el perfecto antihéroe. Nadie espera nada de él. De este postulado parte la acción dramática que encadila al público, porque ¿queremos salvar realmente a la civilización? El personaje nos sirve de guía por un entramado de almas en pena, perdidas en la incomprensión de un mundo sin futuro.

El problema llega cuando reposamos la película y la analizamos al detalle. Hijos de los Hombres interpela al espectador en un diálogo anárquico, donde todo parece más inteligente de lo que realmente es. Pero le salva esa cruda visión realista, teñida por una ciencia-ficción más cercana a la verdad de lo se puede esperar.


1 comentario:

Marcos Ortega dijo...

En su momento fui a verla al cine. Clive Owen me gustó bastante, pero salí con la sensación de que no había captado todo (o algo) de lo que me habían querid transmitir. En general no salí desencantado, me gustó, pero algo, sobre todo el final, me dejo con cierto aire de sin sentido