Horrible Roth

A Tarantino le bastó con poner su nombre de productor junto a los créditos, para convencer a medio mundo de la grandeza del director Eli Roth. Hostel (2006) es una mala película. No vale ningún análisis profundo para descubrir algo que se observa a simple vista. Un ritmo lento acompañado por una técnica aburrida, previsible y demacrada. El método de la sangre, ya utilizado en otros filmes, no basta para reavivar un género que murio hace años. Las películas de terror adolescente, y esta es una de ellas, han pasado a la historia, siendo quizá la primera entrega de Scream (1996), la que pone punto y final a un estilo devaluado hasta el más no poder.

Muchos cinéfilos echan de menos la estética de Tarantino -desaparecido desde su segunda parte de Kill Bill (2003)- y quisieron ver en esta obra una nueva entrega de este afamanado director. A su vez, la publicidad funcionó como nunca, acrecentando esa idea falsa de considerar a Eli Roth -con tan sólo una película a su espalda, Cabin Fever (2002)- como el sucesor del cine tarantiniano. No sólo no lo consigue sino que parece incapaz de dar a la cinta un argumento y un desarrollo coherente.

Resumiendo: sexo y sangre es la fórmula que explota este film. La primera parte de la película nos muestra a tres mochileros (un poco mayores para dedicarse a hacer el interrail) que recorren Europa en busca de fiesta y, sobretodo, mujeres. La historia girará, por tanto, en torno a los encuentros sexuales que Amsterdam les ofrece. Allí conocen a un extraño personaje que les anima a conocer Eslovaquia, donde, según él, las chicas más sensuales desearán acostarse con ellos por el mero hecho de ser américanos. Dicho y hecho, allí se plantan y todo empieza a torcerse. Los personajes empiezan a desaparecer y la sangre aparta al sexo para hacerse con el protagonismo de la película.

A todo esto hay que sumarle una ambientación donde los eslovacos no salen muy bien parados, mostrándose un país anárquico, corrupto y donde los niños forman grupos delictivos que protegen a las personas a cambio de chicles. Suena ridículo pero es que la película lo es en si misma. Un autentico bodrio que te plantea el volver a pagar dinero por ir al cine.

Eli Roth y su Hostel fueron el último grito (nunca mejor dicho) de cine gore, algo que atrae hasta cierto punto. El sexo vende, la sangre también, y ambos juntos son imparables. Este director hizo dinero (así lo demostraron las taquillas) pero no hace honor al cine y a su consideración como el séptimo arte. De todas formas, desde Eslovaquia: Bon Voyage.

1 comentario:

Marcos Ortega dijo...

No me gustan las películas del tipo Hostel, no la he visto y dudo que la vea nunca, sin embargo las películas de Tarantino no tienen nada que ver con películas como Hostel...afortunadamente...