King Jackson

Peter Jackson, hijo pródigo de Hollywood que parece devolverle la vida a una industria hasta hace poco moribunda, regresó por última vez a lomos del gorila gigante. King Kong (2005) es más que una película de mostruos, de dinosaurios o un remake de las anteriores; esta nueva cinta tiene vida propia y crea una narración intrigante que mezcla acción, amor y drama. Un film casi perfecto si no fuera por la excesiva duración de las peleas entre el Rey Mono y los Tiranosaurus Rex, que le restan velocidad, siendo este, quizá, el único fallo que se le puede achacar a un director que consigue crear nuevos y diferentes hilos argumentales adaptándolos de forma impecable a la escencia (que ya tiene casi un siglo) de esta obra.

A pesar de esto, no podemos decir que esta película se vaya a convertir en un gran clásico, pues si por un lado la historia adquiere de nuevo la identidad perdida en secuelas anteriores, Jackson se vuelve a emocionar con los paisajes y tal como hizo en la trilogía de El señor de los anillos (2001, 2002 y 2003) abusa en exceso de planos intrascendentes que tan sólo provocan el aburrimiento del expectador. Esta lentitud en la presentación del planteamiento se ve reflejada, por ejemplo, en que tarda cuarenta y cinco minutos en adentrarnos en la sociedad decadente de la Nueva York de principios del siglo pasado.

La historia, ya conocida, es la de un director de cine fracasado (Jack Black) que se adentra, junto a su famoso escritor y guionista (Adrien Brody) y la guapa aspirante a actriz (Naomi Watts), en un viaje hacia una misteriosa isla donde pretenden rodar su film. Allí, se interpondrá en su camino un King Kong que terminará preso y camino de Nueva York para ser exhibido ante la aristocracia estadounidense; y como todos saben de ahí al Empire State Building donde caerá muerto a los pies de la joven.

Si en la película original Cooper y Wallace conseguían encandilar al público con la relación que crearon entre la protagonista y el mono, esta es bastante deficiente en la cinta de Jackson, eliminando la evolución y pasando de unos juegos entre ambos a un final lacrimoso por la muerte de Kong.

Esta nueva versión del clásico recuerda mucho a Parque Jurásico (1993) de Spielberg, y sobretodo al original King Kong (1933), dejando de lado las versiones posteriores. Hay que alabar sobre todo la labor de postproducción del equipo, pues consiguen eliminar cualquier diferencia entre la realidad y lo creado por ordenador, de forma que los ojos del gorila gigante parecen tan verosímiles como los de Naomi.

Esta nueva cinta nos muestra un Kong renovado, una nueva manera de adentrarnos en los clásicos y sobre todo un Jackson que sabe qué es la industria norteamericana y cómo manejarse en las superproducciones. Esto es Hollywood.

1 comentario:

Marcos Ortega dijo...

A mi me resultó demasiado larga. Estoy de acuerdo de que no es la mejor actuación de Naomi Watts y que la escen dela pelea con los Rex dura demasiado. Como el resto de la peli...