Apatía consentida en 'Los girasoles ciegos'

La predilección de la Academia Española de Cine por José Luis Cuerda es de sobra conocida y en la elección de la película que representó a España en los Oscar de 2008 se puso de manifiesto. Entre los tres finalistas -donde se echó de menos a la magistral obra de Javier Fesser, Camino (2008)- se encontraban la entretenida Siete mesas de billar francés (2007), Sangre de Mayo (2008) y Los girasoles ciegos (2008). Es esta última obra la que nos ocupa -dirigida por el director albaceteño y con un guión firmado por Rafael Azcona-, la que consiguió ser la representante nacional de cara a Hollywood. Aunque, tras ser rechazada para estar en la multipantalla pre-estatuilla, hubo un pequeño periodo de reflexión sobre el cómo había llegado esta cinta hasta allí. El resultado: aunque tenía quince nominaciones a los Goya, sólo ganó uno.

Toda esa desazón se debe a la decepcionante adaptación del libro homónimo de Alberto Méndez. Al film le falta fuerza narrativa y al guión veracidad. Los actores se pierden en un hilo argumental difuso en el que hay historias de sobra -valga como ejemplo la huida de la pareja de jóvenes, hijos del matrimonio protagonista-. Así, la pasión que desprende Maribel Verdú se difumina por la falta de química con Javier Cámara. No hay intensidad cuando se hablan, cuando se miran, cuando se desean. A pesar de ello, el actor español esta sublime, transmitiendo una sensación de tristeza y de cansancio por las batallas perdidas; ausente por la vida que le han robado y por quienes le obligan a esconderse tras un armario.

Pero la irregularidad se prolonga en el metraje. No sólo tarda en arrancar sino que, tras presentar a los protagonistas, se sumerge en una apatía consentida, sin sobresaltos. Es en esa planicie argumental donde fracasa también Raúl Arévalo, incapaz de sacarle jugo al interesantísimo personaje que se le ofrece. Un diácono que luchó en la Guerra Civil, que mató, violó y se fue de putas; pero que vuelve a Orense para enseñar a los niños las reglas de Dios. En su camino se le interpondrán las tentaciones y la carne: Maribel Verdú.

Lo que podría haber sido un relato desgarrador de cómo se impuso la fuerza en la posguerra, desemboca en la vulgaridad más simplista y el sexo se convierte en el impulsor del film. La película se hace entonces aburrida, porque lo que se muestra en pantalla no aporta nada nuevo. Las desgracias, venganzas y crispaciones resultantes del conflicto fratricida han sido utilizadas en demasía por el cine patrio. Los girasoles ciegos (2008) se quedan en una repetición de los reproches de los vencidos, en el mero plasmo de las injusticias. Se olvida Cuerda de que el cine, para ser realmente cine, tiene que aportar mucho más. Debería revisar su Lengua de las mariposas (1999).


1 comentario:

e-milucho dijo...

Qué casualidad macho, acabo de ver la película. Sólo tengo que decir una cosa, me un crítica bastante acertada. Solamente añadiría una cosa, destacar la técnica en la película. Tampoco me olvidaría de las actuaciones de Verdú y Cámara, por separado, pues estoy de acuerdo con lo argumentado.
SAludosss