
En cuanto a los protagonistas, hay que hablar de ellos con despecho. En esta segunda entrega traicionan el espíritu que empujaba a los espectadores de la original a agarrar un antifaz e impartir justicia. Hasta el caballo, de nombre Tornado, conecta más con la audiencia que Antonio Banderas, muy lejos de ese prometedor actor español que marchó a Hollywood. Por su parte, Zeta-Jones no consigue transmitir la verdad de su personaje: es artificial y diáfana.
Por si todo esto no fuera lo suficiéntemente decadente, el personaje protector del pueblo mejicano se pone al servicio de la causa estadounidense. Durante dos horas, la cinta intenta encandilar al público sobre las maravillas de la coalición norteamericana e, incluso, me atrevería a hablar de propaganda panfletaria.
Realmente, el error de la película deriva de un guión sin fuerza, innovación o imaginación. Tal vez, tenga mucho que ver la marcha de Ted Elliot y Terry Rossio, los guionistas que elaboraron la primera parte y autores también de Shrek (2001) o La maldición de la perla negra (2003).
2 comentarios:
sí, las ideas buena se quedaron para la primera (y fueron muy buenas, divertidas). ésta es tan innecesaria....
Hay tantas segundas partes que son innecesarias.... de hecho ésta ni la vi...
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