
Todos esos defectos se sobreponen con un efectivo montaje, cargado de intensidad. La banda sonora es el acompañante idoneo a una perfección audiovisual brillante, con planos electrizantes y renovadores. Eso sí, lo que nos ofrece la imagen nos lo roba el guión. Queremos saber por qué los policías llegan a torturar al protagonista, pero la respuesta que se nos da es simple y banal. Igual de superflua que esa relación de amor eterno entre Jamal y Latika; o el heroismo de un hermano traidor y detestable que, por un instante, recapacita y es capaz de convertirse en mártir.
Es una cinta amable, familiar y especialmente palomitera. Lejos de la espléndida, esperpéntica y valiente Trainspotting (1996); Danny Boyle ofrece en esta ocasión un cine optimista. Desde el minuto uno sabemos que todo saldrá bien y, justo eso, le resta verosimilitud y dramatismo a la película.
El concurso televisivo 50x15 -o ¿Quieres ser millonario?, según nos dé por llamarlo de una forma u otra- es un factor adicional, un eje para una narración centrada en explicar otros menesteres. Es una excusa para hablar y describir a la India, para relatar lo excéntrico e irracional.